En general me pasa (y calculo que a ustedes les pasará lo mismo) que cuando escucho a alguien hablar de TICs aplicadas a la enseñanza, dudo. Dudo mucho. Dudo porque la experiencia me ha mostrado que muy pocas veces las TICs son realmente aplicadas en el aula. Mucho docentes (hablaré, en este caso, específicamente de los docentes de idiomas) reducen el recurso tecnológico de sus clases a proyectar un video o pasar un audio o mandar ejercicios de gramática por correo electrónico o (los mas osados) a cargarlos en un formulario que el alumno puede llenar online. Si bien todas estas prácticas son válidas como recursos, no digo que no, no distan demasiado de la manera tradicional de enseñanza. Cuando hablamos de TICs aplicadas a la enseñanza nos referimos a algo más. A algo nuevo. O por lo menos eso espero.
Enseñamos una lengua particular. Y tenemos la ventaja de que el lenguaje invade todas las esferas de nuestra vida. Contamos con la ventaja adicional de que en el año 2013 la tecnología también invade todas las esferas de la vida. Aprovechémoslas. Salgamos de nuestra comfort zone.
¿Por qué no crear un grupo de Facebook para que los alumnos comenten libreme, fuera de la clase, tal como lo hacen en su día a día? Probablemente, el fluir de la conversación sea menos cuidado, pero más libre y espontáneo. Ideas hay miles: podemos pedir como "tarea" que cada uno escriba cinco twits en español durante la semana y leerlos la clase siguiente; se puede armar un blog grupal donde escriban, uno a la vez, sobre un tema de su interés, y donde sus compañeros puedan comentar. También, cada alumno puede preparar una breve presentación con imágenes de su vida para mostrar y relatar ante el curso. Estas son sólo algunas ideas que se me ocurren al pasar. Lo fundamental es acercar la tecnología a la clase y con ello "sacar" la lengua al mundo exterior. Aprender una lengua es, en gran medida, usar una lengua. Y la tecnología nos ofrece una espacio de intercambio más que interesante para ello.
F.